Central campeón de la Supercopa en una final que terminó a las piñas
El Canalla le ganó 3-1 a Estudiantes en Santiago del Estero, con dos goles de Di María. Verón se metió a la cancha para encarar al árbitro.
Rosario Central es el nuevo campeón de la Supercopa Internacional: este sábado le ganó 3-1 a Estudiantes de La Plata en el estadio Madre de Ciudades, en Santiago del Estero. Pero el festejo quedó opacado, porque el partido terminó antes de tiempo por una pelea entre jugadores de los dos equipos.
La gran figura fue Ángel Di María. A los 38 años, el Fideo metió dos goles y dio vuelta un partido que había arrancado cuesta arriba: Alexis Castro puso en ventaja al Pincha en el primer minuto, tras una buena jugada colectiva entre Piovi, Tobio Burgos y Carrillo.
A los 23 minutos, Di María lo empató con un gran tiro libre, y a los 57 marcó el 2-1 de penal. Ya en el tiempo de descuento, a los 96, Julián Fernández liquidó la historia con un contragolpe.
El penal fue la jugada más discutida. El árbitro Darío Herrera lo sancionó después de la revisión del videoarbitraje (VAR), a cargo de Jorge Baliño, por una falta de Leandro González Pírez sobre Copetti que dejó dudas.
Estudiantes, que perdió por lesión a Neves, a su reemplazante Jalil Elías y a Carrillo, estuvo en partido casi hasta el final. Pero todo se desbordó con el tercer gol: el festejo provocador de Sández prendió la mecha y ya nadie pudo frenar la pelea.
Hubo piñas dentro de la cancha y también en el acceso a los vestuarios, donde se vio muy alterados a dirigentes de Estudiantes como Gorostergui, Alayes y Angeleri.
El que más se hizo notar fue el Presidente del Pincha, Juan Sebastián Verón. La Brujita se metió al campo de juego para encarar a Herrera y lo responsabilizó por lo que había pasado, al grito de «es tuyo» y «ladrón».
No era su primer enojo del día. Antes del partido ya se había quejado por los problemas que tuvieron los hinchas para entrar al estadio, y en el entretiempo volvió a la carga en sus redes sociales por la polémica del penal.
«Maltrataron a la gente y la impunidad que manejan para robarte es increíble», escribió Verón. En el mismo mensaje, se burló de haber tenido que viajar hasta Santiago del Estero para eso y calificó el partido como una farsa.
El plantel platense se fue convencido de que el arbitraje lo perjudicó, y lo dejó en claro en la entrega de medallas, cuando aplaudió con ironía a la terna. Central, en cambio, hizo como si nada y se dedicó a festejar.
Una bronca que venía de arrastre
El partido llegaba cargado. A fines del año pasado, cuando la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) consagró a Central por haber sumado más puntos en la tabla anual, los jugadores de Estudiantes le hicieron el pasillo de espaldas. Ese gesto dejó rencores de los dos lados.
La tensión ya se había notado en la conferencia de prensa previa que dieron González Pírez y Agustín Ovando, con momentos muy incómodos. Y se trasladó a la cancha desde el arranque, con 34 grados de calor y un partido muy friccionado que Herrera nunca pudo ordenar.
Ya de entrada, el árbitro fue blando con una infracción de Navarro sobre Neves, que cayó mal y se fracturó la muñeca izquierda. Desde ahí, el clima no hizo más que empeorar.
Con esta consagración, Central llegó a su título oficial número 14, con un Di María que terminó emocionado hasta las lágrimas. Estudiantes, en cambio, tiene que dar vuelta la página rápido: es semifinalista de la Copa Libertadores y sigue en carrera en la Copa Argentina.
