Estampida en Ceuta: miles de migrantes intentaron entrar a un campamento que se llenó en horas
Había 1.700 plazas para miles de personas. Más de 2.000 volvieron a dormir en la playa, en una crisis que ya dejó más de 100 muertos y cientos de menores en la calle.
Corrieron en la oscuridad, por las calles cercanas al puerto, empujándose unos a otros. Miles de migrantes buscaban asegurarse un lugar en el nuevo campamento de Ceuta, el enclave español en el norte de África. Lo que estaba en juego era una cama, una ducha y un plato de comida, y no alcanzó para todos.
El dispositivo de acogida, instalado en el muelle de Poniente, tenía 1.700 plazas. Al mediodía colgó el cartel de «completo». Más de 2.000 personas que habían esperado durante horas tuvieron que dar la vuelta y regresar a los asentamientos de las playas.
Las imágenes del traslado desde las playas de El Trampolín y Benítez muestran corridas, cordones policiales desbordados y agentes antidisturbios conteniendo a la multitud. Según medios españoles, hubo disparos al aire y cargas policiales para recuperar el control.
La televisión pública española registró escenas de personas que pasaban por encima de otras caídas en el suelo, en la desesperación por llegar primero. En el operativo participaron unos 240 agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Aun así, el Gobierno de Pedro Sánchez calificó el operativo de «normal». El ministro Ángel Víctor Torres, a cargo de la crisis, aseguró que el traslado se hizo con éxito y sin incidentes relevantes. Los sindicatos policiales, en cambio, denunciaron falta de previsión y de medios.
Tampoco hay acuerdo sobre cuántas personas duermen hoy a la intemperie. El Gobierno central habla de 3.000 a 4.000. Las autoridades de Ceuta elevan la cifra a unas 13.000, en una ciudad de apenas 84.000 habitantes.

Siete semanas de emergencia
Todo empezó el 30 y 31 de julio, cuando más de 70.000 personas cruzaron desde Marruecos en pocas horas, según el Gobierno español. La mayoría lo hizo a nado, rodeando los espigones de la frontera. Más de 100 personas murieron en el intento.
Ceuta tiene 18,5 kilómetros cuadrados y limita por tierra con Marruecos, frente al Estrecho de Gibraltar. Junto con Melilla, es la única frontera terrestre de la Unión Europea en África. Por eso, desde hace años, es la puerta que buscan miles de personas para llegar a Europa.
Pero esa puerta no lleva a ningún lado. Para viajar desde Ceuta a la península hay controles en el puerto y el aeropuerto. Quien cruza queda atrapado en una ciudad chica, sin trabajo, sin techo y sin forma de seguir viaje.
La mayoría volvió a Marruecos en las horas siguientes. Miles se quedaron y armaron asentamientos en las playas con cañas, plásticos y lonas, en condiciones insalubres. Algunos llevan así cerca de un mes y medio.
Qué provocó el cruce masivo sigue en discusión. En las semanas previas circularon en redes mensajes que mostraban la frontera como fácil de atravesar. Sánchez culpó a las redes de tráfico de personas y a los rumores. La oposición, por su parte, lo acusa de haber sido advertido por los servicios de inteligencia.
No es la primera vez que pasa. En mayo de 2021, miles de personas, muchas de ellas menores, entraron a nado a Ceuta en dos días. En junio de 2022, al menos 23 migrantes murieron en un intento de cruce masivo en la valla de Melilla. En los dos casos, la ciudad quedó desbordada.
Los más vulnerables
Los menores son los que más sufren. El Gobierno reconoce que más de 2.000 son atendidos en recursos de la ciudad y que entre 700 y 1.000 siguen en la calle. Por ley deberían estar bajo protección especial, pero en los hechos duermen a la intemperie.
Para mujeres y niñas, la calle es todavía más peligrosa. La Fiscalía de Ceuta registró 23 agresiones sexuales desde fines de julio, nueve de ellas contra menores de entre 14 y 17 años. La fiscal jefe advirtió que su situación irregular las deja especialmente desprotegidas.
Muchos de los que cruzaron son jóvenes marroquíes que escapan de la falta de trabajo y de futuro. Varios de los que regresaron contaron que lo hicieron por hambre, sin dinero ni techo, al descubrir que Ceuta no era la entrada a Europa que les habían mostrado en las redes.
Los vecinos también viven su propia crisis. La ciudad absorbió de golpe a miles de personas sin lugar donde vivir, con los servicios desbordados. Hubo protestas y episodios de violencia: algunos residentes atacaron refugios y bloquearon la ayuda humanitaria.

ACNUR, UNICEF y Human Rights Watch reclaman refugio digno, protección para los menores y acceso al asilo. La discusión en Europa, en cambio, pasa por otro lado: controles de frontera, la agencia Frontex y reproches cruzados entre gobiernos.
Italia y Francia reforzaron los controles a quienes llegan desde España, y 22 gobiernos europeos culparon a la regularización de migrantes impulsada por Sánchez. El Gobierno español rechazó las críticas.
Ceuta es apenas una ventana a un drama mucho más grande. Según la OIM, cerca de 2.300 personas murieron o desaparecieron en 2026 intentando llegar a Europa por el Mediterráneo o el Atlántico. Y eso ocurre mientras las llegadas cayeron casi un 40%.
Llegan menos personas, pero mueren más, porque las rutas son cada vez más largas y peligrosas. La propia directora de la OIM, Amy Pope, sostuvo que casi todas esas muertes podrían evitarse.
En el mundo, ACNUR contabiliza 117,8 millones de personas desplazadas por la fuerza, es decir, una de cada 70. Detrás de cada número hay alguien que dejó su casa porque no tenía otra opción.
El Gobierno español promete llegar a 10.000 plazas de acogida en las próximas semanas. Por ahora, el saldo es un campamento que se llenó en una mañana, miles de personas corriendo en la oscuridad y otras miles que volvieron a dormir en la arena.
