¿»Kiosquito» o medida de seguridad? Qué pasó con el convoy paraguayo que golpeó el puente Chaco-Corrientes

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El remolcador paraguayo Tío Jan chocó contra la defensa del pilote N.º 5 del puente General Manuel Belgrano alrededor de las 3.46hs del sábado 3 de octubre, mientras bajaba por el río Paraná empujando un convoy de barcazas. Con el golpe, cinco de ellas se soltaron.

El impacto desplazó la defensa de su posición original y dañó la estructura del pilote. Parte del hormigón de protección se desprendió y quedaron a la vista los hierros de la armadura, según el relevamiento que hizo Prefectura Naval Argentina con un dron.

Dos de las barcazas sueltas quedaron varadas fuera del canal principal, unos kilómetros aguas abajo. Con la ayuda de otro remolcador, las cinco fueron recuperadas durante el sábado y quedaron amarradas en un sector habilitado.

Desde Vialidad Nacional, que tiene a su cargo el puente, el titular del distrito Corrientes, David Moulin, aseguró que «la estructura está bien». Según dijo, el golpe dejó «una rozadura» en la protección, y el organismo ya trabaja para reubicar la defensa.

Tras el choque, Prefectura volvió a ajustar los límites y redujo el tamaño máximo de los convoyes que pueden pasar bajo el puente a 180 metros de eslora (largo) y 50 metros de manga (ancho). La restricción rige de día y de noche, en los dos sentidos de navegación.

Por su parte, el ingeniero José Sesma sostuvo en declaraciones radiales que el convoy llevaba seis barcazas en paralelo, con unos 66 metros de ancho, cuando el máximo permitido para cruzar el puente era de 44 metros, el equivalente a cuatro barcazas una al lado de la otra.

La Fiscal Federal de Corrientes, Melina Perborell, ordenó inspecciones técnicas al remolcador y a las barcazas. También se abrieron sumarios administrativo y judicial para determinar qué pasó. Hasta el momento no se informaron medidas contra el capitán.

Lo que dijo el Ministro

El choque volvió a poner sobre la mesa unas declaraciones del Ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que tiempo atrás había puesto este mismo puente como ejemplo de las trabas que el Gobierno nacional busca eliminar.

En una exposición pública, el Ministro contó que a los convoyes que bajan desde Paraguay se les exigía amarrar antes del puente, separar la carga «como en tres», cruzar por partes y volver a armar la formación del otro lado.

Según su relato, quien hacía ese recorrido le había dicho que en Paraguay «tienen puentes que son más angostos y pasan sin ningún problema». Para Sturzenegger, la explicación de esa exigencia no estaba en la seguridad sino en un negocio.

«¿Por qué le pedimos eso? Porque hay el negocito», sostuvo, y apuntó contra «el que cobra el amarre de un lado» y «el que cobra el amarre del otro». En otro tramo lo resumió así: «Nosotros acá tenemos los kiosquitos». Y avisó: «Miren, les voy a decir una cosa, no nos vamos a cansar».

Lo que el Ministro presentó como un negocio de amarraderos fue, durante años, una regla de Prefectura pensada para la seguridad de la navegación: los convoyes más grandes no podían cruzar de noche sin desarmarse antes. Con el tiempo, esas exigencias se flexibilizaron y se habilitaron formaciones mucho más grandes.

Qué provocó el choque lo determinará la investigación. Pero la pregunta queda planteada: si era un kiosquito, ¿por qué durante años fue una medida de seguridad? La respuesta no es menor, porque por ese puente cruzan a diario miles de chaqueños y correntinos.

El Sindicato de Conductores Navales de la República Argentina (SICONARA), que encabeza Mariano Vilar, advirtió que esas restricciones «tienen antecedentes técnicos vinculados directamente con la seguridad de la navegación».

«Desregular no puede significar disminuir seguridad, controles ni presencia argentina», planteó el gremio. En la misma línea, la Diputada nacional Julia Strada cuestionó a Sturzenegger en la red social X: «¿Quién va a pagar los daños?».