Ser como Grecia no es una buena noticia

Economía

La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, eligió a Grecia para hablar del futuro de la Argentina. “Serán como Grecia. Pagarán por adelantado”, dijo este jueves en Bangkok, Tailandia, en un panel que compartió con el Ministro de Economía, Luis Caputo.

Fue durante las reuniones anuales del Fondo y el Banco Mundial. La moderadora le había preguntado a Caputo si la Argentina podía llegar a no depender más de esos organismos, y Georgieva intervino con la comparación. Caputo le contestó: “Te vas a sorprender”.

Georgieva presentó a los dos países como ejemplos de que se pueden ordenar las cuentas después de una crisis. Para un argentino, sin embargo, terminar como Grecia tendría que sonar más a advertencia que a promesa.

El precio que pagó Grecia

La crisis griega estalló en 2010. Con una deuda que no podía pagar, entre ese año y 2015 el país recibió tres rescates de sus socios del euro, los dos primeros también con fondos del FMI. A cambio, aplicó un ajuste muy duro: recortó salarios y jubilaciones y subió impuestos.

En 2012, además, reestructuró su deuda: negoció con los bancos y fondos que tenían sus bonos, y estos aceptaron perder el 53,5% del valor. Fue la reestructuración de deuda más grande de la historia.

Ese alivio llegó tarde. En 2013, en una evaluación de su primer rescate, el propio FMI reconoció “fallos notables”: admitió que había subestimado el impacto del ajuste y que a Grecia le habría ido mejor si reestructuraba su deuda antes.

El costo lo pagaron los griegos. Según la Oficina de Presupuesto del Parlamento griego, la economía se achicó un 26,6% durante la crisis. El desempleo llegó casi al 28% en 2013 y, entre los jóvenes, rondó el 60%.

Casi dos décadas después, Grecia todavía no recuperó lo que perdió. Su producto bruto interno (PBI) por habitante, descontada la inflación, sigue por debajo del de 2007, y esa misma oficina calcula que recién volvería a ese nivel entre 2030 y 2032.

Según Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, los ingresos reales de los hogares griegos siguen cerca de un 15% por debajo de los de 2009.

Grecia le terminó de pagar al Fondo antes de tiempo, en abril de 2022, y hoy se financia más barato que Francia. Pero su economía produce, por habitante, menos que antes de la crisis. Ese es el modelo que Georgieva le ofrece a la Argentina.

Una receta que la Argentina conoce

La Argentina no necesita mirar tan lejos. Desde el primer acuerdo, que cerró Arturo Frondizi en 1958, el país firmó más de veinte programas con el Fondo, y cuesta encontrar uno que recuerde como una buena noticia.

El de 2000, con el llamado blindaje financiero, terminó en la crisis de 2001: el país dejó de pagar su deuda y, en octubre de 2002, la pobreza llegó al 57,5%.

En 2005, el Gobierno de Néstor Kirchner reestructuró la deuda con los bonistas con una quita cercana al 65%.

En enero de 2006, el país le canceló al FMI toda la deuda de una sola vez, por US$9.810 millones. Fue una cancelación anticipada, y durante más de una década la Argentina no volvió a tener programas con el organismo.

Doce años después, la Argentina volvió al Fondo. En 2018, el Gobierno de Mauricio Macri tomó el préstamo más grande de la historia del organismo, del que llegaron más de US$44.000 millones.

No evitó la corrida cambiaria ni la recesión. En 2021, una evaluación del propio FMI concluyó que el programa no había cumplido sus objetivos.

Esa deuda se refinanció en 2022 con otro acuerdo, y en abril de 2025 el Gobierno de Javier Milei firmó uno nuevo por US$20.000 millones. Hoy la Argentina le debe al FMI cerca de US$58.000 millones, más de un tercio de todo lo que el organismo tiene prestado en el mundo.

Quienes defienden al organismo dicen que presta cuando nadie más lo hace y que, sin esos créditos, las crisis serían peores. Pero la plata del Fondo llega con condiciones, y las condiciones casi siempre pasan por el mismo lugar: recortar el gasto para asegurar que la deuda se pague.

En Bangkok, Georgieva lo resumió con una frase: no se puede gastar indefinidamente dinero que no se tiene. Lo que no dijo es quién paga ese ajuste. En Grecia lo pagaron los jubilados, los trabajadores que perdieron su empleo y los jóvenes.

En la Argentina, el Presidente Milei repite que hizo el ajuste fiscal más grande de la historia de la humanidad. Georgieva lo llama disciplina fiscal.

Mientras tanto, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde fines de 2023 desaparecieron más de 26.000 empresas empleadoras.

Si la meta es ser como Grecia, puede que la Argentina le pague al Fondo antes de 2034, como promete Georgieva. Lo que enseña el caso griego es que una deuda se puede saldar y el país, igual, quedar más pobre durante casi dos décadas.

Para economías endeudadas como la argentina, el FMI se parece más a un problema que a una solución.